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Médico es el que cura

Por Fermín Cabal Menéndez - 16 de Octubre, 2007, 11:20, Categoría: General

Médico es el que cura. Médicos eran Galeno, San Lucas Evangelista, Ficus, Paracelso, Hipócrates, Hanneman... y ¡ninguno era licenciado en Medicina y Cirugía!
Si nosotros hacemos lo que ellos hacían, ¿por qué tenemos que dejar de llamarnos médicos? Nosotros, los médicos naturistas, no convencionales o parasanitarios, somos sus más legítimos seguidores, sus herederos profesionales, continuadores de su escuela y cultura médica.
Son los propios "licenciados" los que quisieron llamarse "licenciados", renunciando a la palabra "médicos". Normal, porque el médico no intoxica y ellos es lo primero que hacen. Sólo se sienten molestos de que nos llamemos médicos los "licenciados". También les molesta que curemos. Lógico porque eso les resta clientela.


Hace varios años escribí un informe en el que decía: "Médicos Hipocráticos. Allende los siglos, la historia nos dice que los médicos eran los esclavos. La misión del médico era la de enfermería, higiene y aseo, con análisis de esputos, sangre, heces, sudoraciones, orina, pus, saliva, etc. El trabajo no era grato, razón por la que esta misión no era ejercida con agrado por la elite médica hasta que, a partir de Paracelso, se comienza la etapa relativa al envasado farmacéutico y se incorpora a esta profesión la clase acomodada; y posteriormente, para distinguirse de la plebe y acotar su territorio, y ya en tiempos más recientes, se empieza a utilizar el pomposo título de "Licenciados en Medicina y Cirugía", que es el título selectivo que hoy continúan emitiendo las Facultades de Medicina, bajo el escondite de su condición selectiva de cientificismo, olvidándose de que el válido y único cientificismo es el acreditado por el transcurso de los milenios y no por la engañosa estadística".
Éste es el título que hoy se continúa otorgando por las universidades y no el de "Médicos" que no existe en la legalidad escrita. Eran como consultores superiores.
Poco a poco, los médicos tradicionales fuimos siendo apartados de la misión y sustituidos, en la profesión, por los universitarios. La medicina tradicional histórica de los recursos naturales, quedó relegada por el esnobismo de la época, pero no anulada. Los históricos y verdaderos médicos somos nosotros, los médicos naturistas, que resurgimos ante la necesidad impuesta por el hambre, la miseria y la indefensión especialmente en los pueblos pobres. El mundo pobre (más de dos tercios de la humanidad) carece de medios económicos para comprar los necesarios alimentos y los caros medicamentos. ¿Qué deben hacer? ¿Morir por carecer de recursos económicos o, por el contrario, recurrir a la ancestral Medicina que diariamente y para todos los humanos regala la sabia Naturaleza, a través de la sana alimentación y los principios activos de las plantas?
Los médicos naturistas debemos sentirnos orgullosos de este relevo. Llamarse médico, como lo era Hipócrates, es un honor al que, por dignidad y legitimidad, no debemos renunciar. Ellos, los alópatas quieren llamarse "licenciados" pues mejor para ellos. Nosotros no tenemos inconveniente en compartir con ellos la denominación de médico y la gran responsabilidad que ello conlleva.
Hoy nuestro colectivo de médicos naturistas resurge con vigor y reclama, ante tanta yatrogenia, su puesto en la salud y la curación, habida cuenta de su efectividad demostrada a través de los siglos y carente de peligrosidad y efectos secundarios. Por eso estamos aquí, evitando el caos producido por el abuso de los tóxicos en los fármacos y la multiplicación de "asociaciones de errores médicos" (ante las miles de reclamaciones judiciales, por errores, incompetencias, recetas indebidas o abusivas, con manifiestas corruptelas, especialmente en cirugías innecesarias o mutilaciones no deseadas o admitidas (apendicitis, amigdalitis, etc.); asociaciones de médicos que invaden nuestro campo (y que han decaído de su legitimación por incoherencia estatutaria). El enfermo debe recuperar su inalienable derecho a la vida y, por lo tanto, a la elección de la medicina que más le convenga.
Los laboratorios se adueñan del mercado de la curación y los poco más de trescientos veinte medicamentos que son precisos, según la Organización Mundial de la Salud, se convierten en decenas de miles de fórmulas médicas que, apoyadas por la publicidad, acosan a los ciudadanos, sin importar los efectos curativos, pero sí los enriquecimientos disfrazados, a costa de la salud de los humanos, a los alimentos manipulados químicamente. ¡Nos quejamos con toda razón! ¡Nadie puede jugar con la salud!
Ello se comprueba, por ejemplo, en los restaurantes, donde observamos a muchos comensales ingiriendo de golpe varias pastillas de diferentes colores y tamaños, obedeciendo a los "estímulos de necesidad" creados por hábiles y falaces campañas de publicidad engañosa.
No existen enfermedades sino enfermos. Los enfermos se fabrican con la publicidad del constante engaño y así el "negocio" de la salud "marcha" muy bien. Y, sobre todo, el negocio de los grandes laboratorios que someten al incauto con periódica y continuada medicación para asegurar su negocio.
La mejor y más barata medicina es el amor. Conocer los resortes y los secretos del cuerpo humano, así como las recomendaciones nutricionales, los principios activos de las plantas, los recursos cósmico-telúricos que diariamente y, de modo gratuito, ofrece la naturaleza para todos (agua, frío, calor, arcilla, viento, oxígeno, clorofila, vitaminas, oligoelementos, masaje, deporte, energetización, meditación, yoga, etc.) es vital. Son nuestros remedios naturales curativos los que ofrecen al usuario la ventaja y tranquilidad de no causar efectos secundarios o colaterales que hoy asolan y aterrorizan a la humanidad, como flagelo fácil de suprimir.
Por el contrario, el vicio, la ira, la venganza, la soberbia, la envidia, los complejos, los miedos, las angustias, la ansiedad, la competitividad, la vanidad, y, sobre todo, la violencia, la grosería, el dinero fácil, etc., son no sólo el camino de la delincuencia, sino el del dolor, el sufrimiento y la enfermedad. Y la solución: la Medicina Natural. Eso explica que los médicos jóvenes vengan con nosotros, al igual que sucede con los enfermos.
Negar a la humanidad esta posibilidad de curación con métodos naturales equivaldría a condenarla al dolor, la enfermedad y, en no pocos casos, a la muerte, además de conculcar los derechos humanos proclamados por la Carta Magna. Sería simplemente y sin paliativos, una postura genocida y, desde luego, inconstitucional. Así de claro.
Insistimos en proclamar que todos debemos sentirnos orgullosos de ser los continuadores de las terapias de nuestros ancestros capitaneados por Hipócrates, que tenían por bandera la curación, contrapuesta al interés económico que hoy embarga a la humanidad.
Las multinacionales y los médicos alópatas rechazaron voluntariamente las Medicinas Naturales en el año 1993, ante las Cortes españolas, y ahora, como ven que se mueven millones en el "negocio" de las plantas, quieren recuperarlas. Ellos sólo se conmueven con los "dividendos", sin importarles los saludables beneficios que se logran en la salud de los humanos. Los millones de euros, son los que mandan.
Eso nos lleva a considerar que:
1. Los licenciados, renunciaron a llamarse "médicos", por tener ese vocablo poca categoría, y ahora quieren recuperar el nombre de médicos.
2. También renunciaron a las Medicinas Naturales por "no ser científicas" y ahora quieren recuperarlas.
3. Ya no les basta con ser "licenciados" y quieren ser "Doctores", sin estudiar los cursos que exige la ley. Ellos no son médicos naturistas, sino alópatas, pero se niegan a pagar la tributación fiscal de los epígrafes 841 y 944, y por lo tanto, son también defraudadores fiscales.
¿Comprende el Ministerio de Sanidad y Consumo por qué los "licenciados" quieren anular a los médicos naturistas y por qué quieren invadir y apoderarse de nuestras actividades profesionales? Para que nadie pueda beneficiarse del regalo de la sabia naturaleza. ¡Vomitivo e increíble, pero es la pura verdad!
En el citado informe, decía algo que es conocido de todo el mundo menos, según parece, del Ministerio de Sanidad y es que "no existen enfermedades sino enfermos". Aquí radica el problema de nuestra desigual lucha. Nosotros somos los médicos de la salud y ellos, más amigos de "la enfermedad", gústeles o no esta manera de llamar pan al pan y vino al vino. Ellos, repetimos, son los médicos de la enfermedad y casi siempre del fármaco tóxico, con sus efectos secundarios, secuelas gravísimas y demás zarandajas nocivas.
Nosotros queremos ser, y somos, ciudadanos del mundo libre, para ser felices, para reír y para que nadie se angustie, para no tener dolor y menos aún enfermedad. Nosotros queremos responder de la salud.
Ellos necesitan enfermos para vivir, para hacerse ricos, para ser poderosos, para imponer su "licenciatura". Por eso necesitan, cuantos más mejor, a los clientes-enfermos.
Un simple refresco o un helado, una copa, etc., es un negocio para el que, por ejemplo, lo fabrica y para el que cura sus efectos colaterales. Porque un refresco es agua con añadidos de gasificación, edulcoración, coloración, etc., aditivos que no matan pero dañan acortando la vida y perdiendo calidad al comprobarse, con el transcurso de los años, el gran cúmulo de tóxicos no deseados en el organismo que perturban, dañan, mutilan o reducen las expectativas de vida y de felicidad en el que cae en ese liviano error. El mejor refresco y el más barato, es el agua pura o el zumo, que además es nutricional.
La bulimia, la anorexia, el asma, el alcoholismo, el estreñimiento, la alergia, la depresión, la diabetes, el reumatismo, el lumbago, etc., todas esas patologías pueden erradicarse fácilmente con tratamientos naturales, ayuda psicológica, estímulos condicionados, meditación, etc., ¿Por qué no se hace? Sencillamente porque no interesa a los laboratorios, farmacias, médicos, veterinarios y demás acólitos en este mercado de despropósitos ilegales, acusación que formulo al amparo del artículo 20 de Constitución (Derecho de expresión) sin ánimo de ofensa para nadie, pero con el firme propósito de acabar, de una vez por todas, con el esperpéntico desmadre de la Administración Pública que, para que medren ¿más aún? las multinacionales de la química y sus "amigos", todos los cuales presionan a los políticos de turno para que sólo se "dialogue" con ellos. No con nosotros que somos los únicos interlocutores sobre la materia.
La medicina preventiva corrige estos desfases de salud sin necesidad, en la casi totalidad de los casos, de fármacos. Este hipermercado de enfermos es imprescindible para la subsistencia de la medicina del fármaco tóxico. Equivale a crear una "iguala" de tributación periódica profesional para, al final:
- "Vuelva Vd. mañana" o "dentro de x días", para controlar su enfermedad y así sucesivamente, en claro abuso, dicho sea sin ánimo de ofensa.
- Someter a un enfermo a una enfermedad que no existe, porque lo que existe es, repetimos, el enfermo, pero no la enfermedad, creemos que se acerca a lo punible.
Nosotros, los Médicos Naturistas, nos comprometemos formalmente a acabar en tiempo récord con estas patologías, y tantas otras similares que constituyen un verdadero azote para la humanidad, la convivencia, la calidad de vida, etc., no sólo en España, sino en el mundo entero.
La Medicina Natural puede eliminar esas patogenias y no nos cansaremos de decir que muchas más o, por lo menos, reducirlas a la mínima expresión, por vía preventiva y en tiempo breve, a través de la alimentación, el masaje, los estímulos condicionados, la meditación, el yoga, la acupuntura, la naturopatía...
Pero entonces ¿qué haremos con los licenciados en Medicina y Cirugía? ¿No es más humano, honesto y económico ayudar a la erradicación de esas patologías que consentir que continúen ahí, para que los licenciados puedan seguir viviendo?
No olvidemos que no existe la enfermedad, sino el enfermo. Y que el eminente alemán Dr. Ryke Geerd Hamer, afirma que "la psique, el cerebro y la Nueva Medicina solucionarán para siempre esta equívoca situación" para alegría de los afectados y sus familias.
El monopolio del fármaco es incompatible con la democracia. Hace veinte años la OMS dijo que con 320 fármacos bastaba para atender y mitigar todas las patogenias. Hoy se fabrican en cada país miles de ellos ¿No es esto una explotación sin fin y un engaño y estafa escandalosos contra la salud? Y el monopolio, ¿por qué se consiente el monopolio inconstitucional? ¿Y las basuras de productos tóxicos que estos laboratorios generan? ¿Por qué no nos tomamos este tema más en serio?
¿Para qué sirve la Constitución española que en su artículo 45 dice concluyentemente?:
1. Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.
2. Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.
3. Para quienes violen lo dispuesto en el apartado anterior, en los términos que la ley fije, se establecerán sanciones penales o, en su caso, administrativas, así como la obligación de reparar el daño causado.
La Constitución ¿es un simple florero o la bendita ley que nos hace a todos iguales? La Medicina Natural se acredita sola, ya que es más barata, fácil de aplicar, efectiva, segura, indolora, preventiva, sin secuelas ni efectos secundarios, sin sangre, sin drogas, que vale para casi todas las enfermedades, sin riesgos, propiciando la longevidad, calidad de vida, alegría de vivir y que está siendo utilizada por más de dos tercios de los ciudadanos del mundo, (asiáticos, africanos, indios, oceánicos, y más de la mitad de europeos y americanos).
El concepto: "Médico es el que cura" ya es irrevocablemente legal. Efectivamente el Tribunal Supremo, mediante sendas Sentencias, que constituyen jurisprudencia penal de fechas 19/6/89 y 5/7/92, dice: "El Tribunal Constitucional corroboró tales Sentencias al emitir un Auto, con posterioridad, por el que no admitió a trámite un Recurso de Amparo promovido por el Colegio de Médicos de Sevilla pidiendo la anulación de tales Sentencias, porque, dice el Auto, los argumentos empleados son los mismos esgrimidos ante el T. S., y por lo tanto, es "cosa juzgada".
Así las cosas, ante un atropello jurídico como éste, no tenemos más remedio que afirmar que el "imperio de la Ley" está siendo sustituido por la ley de la selva, y por ende, España ha dejado de ser un Estado de Derecho. La Carta Magna de los Derechos Humanos junto con la Constitución quedan relegadas a simples floreros.
Y todo, ¿por qué? Porque lo exigen, contra todo derecho y ley, las multinacionales del fármaco y sus acólitos, los Colegios de Farmacéuticos y Licenciados en Medicina con su gigantesco y avasallador corporativismo. Es la Ley del multipoderoso Goliat que, a lo Frankenstein, arrolla y masacra al pequeño David.
Más de 30 años pidiendo diálogo a la Administración y siempre silencio, ¿por qué? Porque no tienen argumentos para defenderse ante la ignominia. ¿Dónde está la dignidad de los Médicos Naturistas?
Fermín Cabal Menéndez.

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